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domingo, 11 de marzo de 2012

Mitos y prevención de la leishmaniasis canina

No voy a hablar de qué es la leishmaniasis canina, sus síntomas ni su tratamiento. Para una idea general, ya hay muchas páginas en internet que lo hacen (como ésta), y para el tratamiento lo que hay que hacer es llevar al perro al veterinario, llegado el caso.
De lo que quiero hablar es de una serie de ideas preconcebidas que tenemos sobre la enfermedad y su transmisión, y de cómo podemos minimizar la probabilidad de que la contraiga o cuál debería ser el programa anual de vigilancia de la enfermedad.

Phlebotomus pappatasi. Imagen extraída de la Wikipedia
El mosquito.
La leishmaniasis se conoce con el nombre de "enfermedad del mosquito" porque la transmite un díptero picador, y este nombre nos hace pensar que la transmiten los mosquitos que reconocemos como tales. Esos mosquitos-mosquitos son los que conocemos: tamaño mediano-grande, picadura dolorosa, zumbido al volar y necesitan poner sus huevos en agua estancada para que se desarrollen. Pero estos mosquitos (culícidos) no son los que transmiten la leishmaniasis. La enfermedad sólo puede ser transmitida por dípteros flebotomos, de una familia diferente que los culícidos.
¿Y esto es importante? Pues sí. Porque la biología y ciclo de las dos familias es muy diferente. Los flebotomos no necesitan agua estancada, ponen sus huevos en el suelo, en muros, grietas de las paredes, madrigueras, escombros... tampoco son fáciles de detectar: no zumban al volar, su picadura no es dolorosa (ni pica) y son de tamaño muy pequeño (2-3 mm). Son mosquitos-ninja. 
Se encuentran fácilmente en zonas rurales o en parques o jardineras de las ciudades. Salen a alimentarse por la noche, aunque temperaturas inferiores a 10-15ºC ralentizan su metabolismo (con lo que no saldrán a picar), y tampoco pueden hacerlo si llueve o hay viento. Al ser tan pequeños, no pueden picar a través de la ropa o del pelo.
Cuando una flebotomo pica a un perro infestado, necesita de 7 a 10 días para poder transmitir la enfermedad, es decir, no es algo rápido ni directo. Durante ese tiempo, puede haber recorrido unos 2 km. Las hembras del flebotomo viven unos 30-40 días y durante ese tiempo picarán 2-3 veces.

La prevalencia.
La prevalencia es el porcentaje de casos de una enfermedad en una población concreta. La prevalencia de la leishmaniasis en España varía de un lugar a otro, pero ronda el 8-20%, con los valores más altos en la cuenca Mediterránea y de los grandes ríos (Ebro, Duero, Tajo y Guadalquivir). Sin embargo, esta prevalencia es de leishmaniasis clínica, es decir, el porcentaje de animales con síntomas clínicos. Las técnicas de diagnóstico moleculares han permitido ver que la prevalencia de animales infestados es de más del 60% o del 80% en zonas endémicas. En otras palabras, más de la mitad de los perros tienen el parásito y pueden transmitirlo o desarrollar la enfermedad más adelante, aunque sólo un 8-20% tienen síntomas clínicos en un momento dado y pueden considerarse positivos.
Por lo tanto, si vivimos en una zona endémica, deberíamos considerar que es más probable que nuestro perro tenga el parásito, aunque no esté enfermo, por lo que puede transmitirla o desarrollarla más adelante.

La prevención.
"Si le pongo collares/pipetas, ¿cómo es posible que haya enfermado?"
En primer lugar, no todas las pipetas/collares son eficaces frente a los flebotomos, y no siempre se aplican bien o en los intervalos correctos (hablaremos de eso después), pero suponiendo que estés usando una que sí lo sea y de forma correcta, vamos a hacer unos sencillos cálculos:
En una noche clara de verano, un perro sin ninguna protección puede recibir unas 120 picaduras.
Las  pipetas/collares tienen una eficacia media del 95%, esto es, les librarán del 95% de las picaduras.
Así que, en una noche clara de verano, un perro con pipeta/collar puede recibir 120 x 0,05 = 6 picaduras.
En una semana: 6 x 7 = 42 picaduras.
En un mes: 42 x 4 = 168 picaduras.
En todo el periodo de riesgo (junio-septiembre, según la zona): 168 x 4 = 672 picaduras.
Si consideramos que en un momento dado, el 15% de los mosquitos están infestados con el parásito (y estoy tirando por lo bajo), nuestro perro "protegido" ha recibido unas 672 x 0,15 = 101 picaduras con el parásito.
Para los que en este punto os preguntéis, y entonces, ¿para qué sirve ponerles la pipeta/collar? bueno, es que si no lo llevara, habría recibido: 120 picaduras x 7 días x 4 semanas x 4 meses x 0,15 = 2016 picaduras con el parásito.
¿Cuántas papeletas es mejor comprar para que te toque la lotería?

El desarrollo de la enfermedad.
Llegados a este punto, podríamos echarnos las manos a la cabeza y pensar que todos los perros en zonas endémicas deberían estar enfermos, pero eso ya sabemos que no es así (sólo un 8-20%). ¿Por qué estas diferencias?.

Leishmania infantum en el interior de un macrófago.
Imagen extraída de GEFOR
El sistema inmunitario de nuestros perros (y el de todos los animales, vamos) es extremadamente complejo y, normalmente, muy eficaz. Resumiendo, hay dos tipos de respuesta inmune, la humoral y la celular. La humoral produce anticuerpos que van a eliminar bacterias y parásitos que se encuentran fuera de las células, mientras que la celular elimina parásitos, virus y bacterias que se encuentran dentro de las células. La leishmania se encuentra dentro de las células (de macrófagos, más exactamente), por lo que necesitaremos una buena respuesta celular. Los perros que enferman son aquellos que ponen en marcha la respuesta inmune de tipo humoral, que no es eficaz para eliminar ni controlar el parásito.

Programa anual de vigilancia sanitaria.
Entonces, ¿qué podemos hacer para que nuestro perro continúe sano durante muchos años?. Las estrategias van encaminadas a evitar la picadura, reforzar el sistema inmunitario celular y detectar la enfermedad a tiempo. Ninguna de estas estrategias es excluyente, porque ninguna nos va a proteger al 100%. Vamos por partes:

Evitar la picadura:

  • Que los perros no estén en el exterior desde el anochecer al amanecer, momentos en que el mosquito sale a picar. No vale encerrarlo durante la noche en el garaje o en un almacén, ya que estos son lugares húmedos y oscuros donde es posible que el flebotomo anide, así que también hay que usar otros medios:
    • Usar mosquiteras en ventanas o puertas: pero ¡ojo! hemos dicho que es muy  pequeño, para que sean eficaces debe ser una mosquitera con un diámetro de 0,5-1 mm, las tradicionales les permiten pasar.
    • Usar insecticidas, principalmente del grupo de los piretroides (permetrina, deltametrina, cipermetrina, tetrametrina, praletrina...). Aunque suenen raro, son los insecticidas de uso doméstico (en spray o los que se enchufan a la electricidad) porque han demostrado su eficacia con una toxicidad muy baja para los vertebrados. Los productos a base de aceites esenciales no son eficaces, y eso también se puede aplicar a los collares/pipetas.
  • Si los perros tienen que estar en el exterior, resulta útil disminuir la cantidad de flebotomos usando semanalmente (recordemos que necesitan 7-10 días para desarrollar el parásito antes de poder transmitirlo) insecticidas con un pulverizador, en las zonas donde hay riesgo de que anide el flebotomo (caseta, muros, recovecos húmedos...). Hay muchos productos comerciales líquidos para diluir en el agua que pueden ir bien.
  • Usar pipetas o collares repelentes: lo bueno que tienen es que no sólo impiden la picadura, sino que también matan al flebotomo. Lo malo es que hay pocas pipetas o collares que hayan demostrado su eficacia,  y desde luego, las que están basadas en aceites esenciales no van a servir para nada (excepto, quizá, para perfumar a nuestra mascota)
    • Collares: en España, sólo hay dos collares registrados como repelentes de flebotomos, Scalibor, de Intervet, y el Taberdog con permetrina, de DFV. El primero lleva deltametrina y el segundo permetrina. Es importante tener en cuenta que tarda 7 días en empezar a hacer efecto desde que se lo ponemos, y que si el perro se moja o lo bañamos pierde el efecto y hay que esperar otra semana a que vuelva a funcionar. Otra cuestión es que la eficacia como repelente se ha cuantificado entre un 86 y un 96% (recordad que los cálculos que hemos hecho antes eran con un 95% de eficacia) y que es recomendable cambiarlos cada 3-4 meses, ya que la eficacia va disminuyendo con el tiempo.
    • Pipetas: también hay sólo dos productos en España, Advantix Spot-on, de Bayer, y Exspot, de Intervet, ambos con permetrina. La eficacia repelente de ambos tiene una duración menor que en collares, y a las cuatro semanas después de poner la pipeta la eficacia baja hasta el 55,9% 74%, por lo que también conviene no esperar a las cuatro semanas para poner una nueva pipeta, mejor hacerlo a los 15 días. Es importante a la hora de ponerlas separar bien el pelo para dejar el producto sobre la piel, y en perros de más de 10 kg repartir el producto en 3-4 puntos a lo largo del lomo.
Reforzar el sistema inmunitario:

Como ya hemos visto, es prácticamente imposible evitar al 100% la picadura del flebotomo, por suerte, hay productos que refuerzan el sistema inmunitario de nuestro perro para ayudarle a hacer frente al parásito y evitar que desarrolle la enfermedad. NO evitan que entre el parásito, pero sí ayudan a que el perro sea capaz de eliminarlo o controlarlo. Este año han salido dos nuevos productos que funcionan en este sentido:
  • Canileish, de Virbac: la esperada vacuna contra la leishmaniasis, protege entre un 93 y un 97% (depende de la carga infectiva de la población donde vive el perro). Es importante tener en cuenta varias cosas: no se puede aplicar en perros que ya son seropositivos, por lo que hay que hacer un análisis de sangre primero para saber si puede o no vacunarse, y es importante (más que en las vacunas habituales) respetar los períodos de vacunación: durante el primer año habrá que ponerles 3 dosis separadas 3 semanas cada una, y como mucho podemos retrasarnos unos 5 días. A partir del segundo año, se deberá realizar una revacunación anual, pero si nos olvidamos y dejamos pasar más de un mes desde la fecha en que le tocaba, habrá que volver desde el principio y ponerle de nuevo las tres dosis.
  • Leisguard, de Esteve: es un inmunomodulador que ya lleva tiempo usándose en el tratamiento de la leishmaniasis clínica (en su formulación para humana), pero que puede tener interés en la prevención de la aparición de la enfermedad. Lo que hace la domperidona, su principio activo, es favorecer la respuesta inmunitaria celular, que es la necesaria para destruir y controlar al parásito, por lo que si nuestro perro se infecta (o si ya lo está, recordemos que más de la mitad de los perros en zonas endémicas tienen el parásito), ayuda a que no llegue a desarrollar la enfermedad.
Detectar la enfermedad a tiempo:

Esta es fácil. Deberíamos tomar como costumbre hacer cada año un análisis de leishmaniasis a nuestro perro, preferentemente en los meses de diciembre a febrero, para detectar a tiempo la enfermedad y poder tratarla si es necesario. El pronóstico cambia mucho.

Y ya sólo un apunte final. Hacer todo esto es caro. Los collares y pipetas, la vacuna, los análisis... todo vale dinero, está claro. Pero el precio de la enfermedad es mucho mayor. Los medicamentos para el tratamiento son más caros aún, y es de por vida, las pipetas y collares se deberían seguir usando (y con más razón) y serán necesarios muchos más análisis al año. Y eso sin contar el coste anímico que supone ver a tu perro enfrentarse con esta enfermedad, que también es alto, sabiendo que nunca podrá curarse.

Este post va dedicado a Orhy, que está peleando como un jabato contra el bichejo de las narices.

jueves, 4 de febrero de 2010

¿Adoptar o comprar un perro?


En primer lugar, tener un cachorro (o un perro adulto) supone una gran responsabilidad. Necesitan ejercicio, cuidados veterinarios, atención y cariño... antes de tomar la decisión de comprar/adoptar un animal, deberíamos tener claro que tenemos recursos y tiempo para proporcionarles todo lo que necesitan. Si no, quizá deberíamos plantearnos tener otra mascota que requiera menos atenciones que un perro, como puede ser un gato o un conejo enano, que no necesitan salir a pasear, por ejemplo.

En cualquier caso, si tenemos claro que podemos y queremos un perro, la siguiente decisión a tomar es si lo compramos o adoptamos. Cada año miles de perros son abandonados, porque sus dueños no pueden/quieren cuidarlos o porque ha nacido una camada de la que no pueden/quieren hacerse cargo (otro día hablaré de la importancia de la esterilización). Todos esos perros acaban atropellados, se hacen salvajes y forman manadas que pueden resultar peligrosos o un problema de salud pública, o terminan en las perreras municipales donde son sacrificados si nadie los reclama o adopta en 15 días (excepto en algunas comunidades autónomas, como Cataluña, donde no los sacrifican, pero eso lleva a que las perreras se saturen y no puedan acoger a todos los perros abandonados que hay por ahí). Los que tienen más suerte acaban en las protectoras, donde voluntarios los cuidan, vacunan y desparasitan y les intentan encontrar un hogar.


A pesar de los esfuerzos de estos voluntarios, las protectoras también se encuentran saturadas, además de los pocos fondos que tienen para todos los gastos (se hacen cargo, por ejemplo, de las operaciones de los animales que llegan atropellados). En estos centros se pueden encontrar de todo y para todos los gustos: perros pequeños, medianos, grandes, cachorros, adultos o incluso viejillos, y de todas las razas (o combinaciones de ellas) posibles. Aunque no es sencillo encontrar animales de pura raza, algunos hay (el de al foto es Radagast, mi husky puro adoptado en protectora).

La mayor parte de la gente, cuando se plantea tener un perro, busca un cachorro de raza. Sin embargo, eso no es siempre la mejor idea.

¿Por qué es mejor un animal adulto que un cachorro?
Los cachorros necesitan mucha más atención, cuidados y educación. No es sencillo conseguir que un cachorro se convierta en un adulto educado y equilibrado, durante los primeros meses de vida es cuando debe socializarse, aprender el lenguaje canino y las normas humanas. Enseñarle a hacer sus necesidades fuera de casa, que no te rompa los muebles cuando se queda solo o que no sea excesivamente celoso o miedoso no es tarea sencilla. Puedes acabar de él hasta las narices. Los adultos ya vienen con eso aprendido, y enseñarles que vengan al oír su nombre o que se sienten o traigan una pelota es mucho más sencillo y, sobre todo, divertido.
Tienen menos enfermedades, ya que el periodo en el que son más sensibles ya ha pasado: menos gasto en vacunas y veterinarios. Y, sobre todo, su personalidad y aspecto físico ya se ha desarrollado. Un cachorro, al crecer, puede que no se adapte totalmente a lo que buscamos de él: demasiado nervioso o tranquilón para nosotros, o quizá buscábamos un perro pequeño y se ha hecho demasiado grande. En los adultos, podemos escoger directamente lo que estamos buscando.
Para mí, la mejor edad para acoger a una nueva mascota sería entre los 8 meses y los 2 años.

¿Por qué es mejor un perro cruzado que uno de raza?
¿Os suena el concepto de "vigor híbrido" o heterosis? ¿y la consanguinidad? Desde hace décadas se utiliza la heterosis en la producción tanto animal como vegetal y consiste en que la productividad de un cruce es superior a la media que la de sus padres puros. Este concepto tampoco se puede aplicar directamente en la cría de perros, ya que no buscamos en ellos una "productividad", sin embargo, en los animales de raza deberíamos tener mucho cuidado con su pedigree, el origen de esos animales y cómo han sido criados.
Muchas veces no se tiene en cuenta la consanguinidad, cruzándose entre hermanos o padres con hijos, sobre todo en razas que se "ponen de moda" o animales que tienen una característica especial apreciada, como un color de capa u ojos más valorados. Esto lleva a problemas congénitos, muchos de ellos ya se han fijado en las distintas razas, como la ceguera congénita de los dálmatas, problemas respiratorios en razas chatas o displasia de cadera en razas grandes. Además, una gran cantidad de perros de raza son traídos ilegalmente desde Europa del este para ser vendidos en tiendas oficiales o criaderos, con los problemas que ello conlleva (enfermedades: parvo, RABIA!!, animales en mal estado, etc.):


Así, aunque adoptar es una solución estupenda, si estás enamorado de una raza concreta, ten en cuenta los siguientes consejos para no gastarte un dineral en un perro con problemas:
- Compra preferentemente en criadores, antes que en tiendas (donde no está claro su origen) o a particulares o en mercadillos.
- Asegúrate de que han estado con su madre hasta al menos los dos meses, si puedes ver la camada con la madre a la hora de escoger al perro, mejor.
- No compres por internet, vale que encuentres el contacto, pero queda con el vendedor para ver la camada y escoger al perro.
- Antes de comprarlo, exige una revisión veterinaria específica para esa raza, que estén libres de parvo y enfermedades congénitas.
- Evita animales muy consanguíneos: su padre y su madre no deberían estar emparentados.
- Ojo al microchip: lo lleve puesto o no, te va a costar lo mismo darlo de alta. Si lo lleva, debe ser español, o tendrás problemas a la hora de darlo de alta, si no lo lleva, deberás vigilar que la cartilla de vacunación y la garantía que te dan pertenece al animal que compras.
- Lo barato puede salirte caro: si por ahorrarte unos euros compras sin garantías, puede que te cueste mucho más el gasto veterinario posterior, o incluso que el cachorro muera.

De todas formas, antes de comprar, échale un vistazo a estas direcciones: