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viernes, 11 de mayo de 2012

La Contra de la Vanguardia ¿escaparate de charlatanes?

Pocas secciones en cualquier periódico hacen tal recopilación de charlatanería como la Contra de La Vanguardia. En los últimos meses han aparecido una investigadora de la conciencia (¿?) que cree que el corazón tiene cerebro, un empresario que vende bombillas LED con argumentos conspiranoicos, un sacerdote maya que predice la llegada del paraíso en los próximos 5.200 años (casi nada, total, cuando pasen, nadie podrá decirle que no había acertado), una terapeuta que sana con la danza, una médium, un psiconeuroinmunólogo (¿a que suena científico?) y así podemos seguir hasta la saciedad. Que conste que también hay entrevistas interesantes, aunque en casi todas se dan ideas tan superficiales que contribuye a crear una imagen distorsionada de la gente y de sus creencias. Pero no quiero hablar de la calidad de las entrevistas: yo no soy periodista, tampoco sabría cómo mejorarlas, el hecho de que a mí no me gusten sólo da una idea de mis gustos personales. De hecho, la Contra gusta, y mucho. De lo que quiero hablar es de la responsabilidad de los medios en la difusión de creencias, y, sobre todo, de creencias peligrosas vestidas de ciencia.

Un ejemplo claro es el del "psiconeuroinmunólogo". El palabrejo en cuestión se supone que se lo da haber cursado un máster en la universidad de Girona, aunque en la página web de dicha universidad no aparece ese máster por ningú lado. La psiconeuroinmunología tiene una base científica: el estrés crónico está relacionado con la aparición de ciertas enfermedades (en este tema, es muy interesante el libro "Por qué las cebras no tienen úlceras. La guía del estrés" de Robert M. Sapolsky), pero más allá de esto, se convierte en una pseudociencia. Como pasa con cualquier cosa que relacione conceptos psicológicos con enfermedad, se ha derivado en un montón de tonterías, como que las enfermedades son desequilibrios de las emociones, o que podemos curarnos con la mente: toma ideas del psicoanálisis, la medicina ayurvédica o la tradicional china.

Dejémoslo claro: si tienes úlceras de estómago o disfunción eréctil provocados directamente por estrés crónico, evidentemente relajarte y tomarte la vida con más calma te ayudará a curarte. Porque estarás tratando la causa del problema. Si tus problemas de salud no los provoca directamente el estrés, la meditación o las técnicas de relajación poco pueden hacer. Por otro lado, aunque todos pensamos que estamos estresadísimos, son necesarios unos niveles muy altos de estrés para provocar estos síntomas.

Ahora que ya hemos dejado claro qué es la psiconeuroinmunología y en qué casos podría tener cierto sentido terapéutico, vamos a la entrevista en sí. Nuestro terapeuta en cuestión cree que la dieta más sana es la paleodieta: la dieta que ingerían nuestros antepasados. Es la máxima expresión de aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor". Vamos por parte porque esto tiene tela:  
Uso la nutrición para sanar. [...]  Ateo, creo en las verdades científicas. 

 No voy a entrar a debatir sobre lo antagónicas que son estas dos frases. Todos los sensores magufos activados.
Pero la grasas nos engordan...
¡Falso! Las grasas de buena calidad... ¡nos adelgazan! El aceite de oliva virgen extra crudo, los frutos secos y el aguacate, grasas del pescado y de la carne de caza... o de animales que hayan correteado por el campo.
Primera alarma de falta de clases de metabolismo básico. Las grasas, por muy buena calidad que tengan, no nos pueden adelgazar en la vida, porque son el tipo de nutriente más energético que podemos ingerir. Por cierto, ¿aceite de oliva virgen extra en la dieta paleolítica?
¿Y la carne de animales estabulados?
Es grasa insana. Si el animal corretea, su grasa se infiltra en la carne ¡y es saludable!
Seguna alarma de falta de clases de metabolismo básico. Confunde composición de las grasas con infiltración en la carne. La carne infiltrada es más sabrosa, nos gusta más (y por eso es una de las cosas que más se miran a la hora de producir jamones), pero eso es independiente de la calidad o de la composición de dicha grasa. Además, un animal que corretea, ¡tiene menos grasa!. Lo que sí tiene son más fibras musculares rojas, mientras que los estabulados no las desarrollan tanto, pero sigue sin tener nada que ver ni con la grasa, ni con su infiltración ni con su capacidad de ser más o menos saludable.
¡Y evite esa carne que suelta agua al freírla... y queda en nada!

Ah, sí, eso me da mucha rabia.
Es de animal estabulado y cargado de antidiuréticos para retener agua y ganar peso.
Esto es directamente una acusación muy grave. Darle cualquier tipo de sustancia al ganado para que retenga agua se considera un delito contra la salud pública y un fraude al consumidor, y está penado por ley, al menos aquí en Europa (en EEUU se permite). Las organizaciones de productores deberían ponerle una denuncia a este señor por lo que acaba de decir, a ver si puede demostrar que lo que dice es cierto, Contador no pudo.
Mucho: nuestro genoma necesita miles de años para adaptarse a cambios del entorno. Por eso padecemos intolerancias alimentarias: ¡en 200 generaciones no hemos tenido tiempo para adaptarnos a lo que comemos!
Pues sí que somos torpes. Los perros lo han conseguido en mucho menos tiempo, han pasado de un metabolismo puramente carnívoro a poder obtener energía de los hidratos de carbono debido a la domesticación (aprendieron a comer lo que comemos nosotros). Los gatos no han podido, tan sólo llevan con nosotros desde el antiguo egipto. Los humanos somos los únicos animales que conservamos la lactasa en la edad adulta, la enzima que nos permite digerir la lactosa de la leche, el resto de las especies la pierden a la edad del destete, y son aquellas personas que no son capaces de continuar produciéndola las que tienen intolerancia a la lactosa. El hecho de que la mayor parte de la humanidad sea capaz de mantener su capacidad de producir lactasa es el ejemplo más claro de que sí hemos tenido tiempo de adaptarnos a lo que comemos.
Pan, pasta... ¡Es lo que como cada día!
Metabolizar eso nos desgasta y causa intolerancias, cefaleas, malestares, inflamaciones, acné, obesidad, diabetes, patologías...
Tercera alarma de falta de clases de metabolismo básico. La base del metabolismo humano son los hidratos de carbono, que es precisamente lo que encontramos en los cereales (pan, pasta, arroz, trigo, cebada...). Sólo cuando no tenemos hidratos de carbono disponibles, nuestro cuerpo toma la energía de la grasa y de la proteína, en ese orden. Si ofrecemos a nuestro cuerpo los tres nutrientes, el que primero escogerá para metabolizar serán los hidratos de carbono, y es precisamente el metabolismo de grasas y proteínas lo que desgasta mucho el cuerpo, sobre todo con las proteínas, ya que tiene que deshacerse de todo el nitrógeno que produce, y que es altamente tóxico. Por eso dietas hiperproteícas, como la Dukan, pueden ser muy peligrosas para la salud.
Ni nada de ir comiendo varias veces al día.

¿Ah, no? ¿No dicen que es saludable?
Comer un poquito cada pocas horas... fatiga el intestino. ¡Déjalo reposar! El hombre paleolítico pasaba largas horas sin comer nada..., buscando comida. La sed y el hambre nos modelaron. ¡Come con hambre! Será un placer... y sentará bien a tu intestino.
¿Fatiga el intestino? Según este hombre, hay que hacer una sola comida diaria. Eso sí que fatiga al páncreas, que tiene que hacer un pico enorme de insulina para que el cuerpo aproveche el alimento. De ahí a la diabetes, sólo es cuestión de tiempo (pero claro, según él la diabetes la provoca comer pan o pasta...).
¡La mejor medicina es comer como tus ancestros paleolíticos!
Teniendo en cuenta que la esperanza de vida de nuestros ancestros  paleolíticos era de unos 20 años, no creo que esto se pueda afirmar con tanta ligereza.

Espero que al menos haya pagado por la publicidad que han hecho de su libro. Sinceramente, no me parece de recibo que en un medio con la difusión de la Vanguardia sirva para expandir ideas tan peligrosas en cuanto a la salud, sin ningún tipo de rigor. Se mire por donde se mire, la paleodieta no es una buena idea.

miércoles, 11 de abril de 2012

Conversaciones en facebook. Parte 3.

Las vacunas.
O qué nos estamos perdiendo gracias a la vacunación.

A.B.
‎"La vacunación es la acción preventiva más importante en salud infantil. Y a día de hoy, enfermar e incluso morir (o dejar enfermar a nuestro hijo), por una enfermedad prevenible por vacunación, me parece de lo más absurdo."
    • D.S. Sabies que quan eliminem el perill d'una malaltia per vacunacio estem deixant lloc a la proliferacio de noves malalties? Quan un pare decideix no vacunar al seu fill no significa que l'estigui exposant a la mort. Potser s'estima mes arriscar al seu fill a una malaltia coneguda que a la incertesa de una malaltia per la qual l'home encara no ha trobat remei


      (Traducción: Sabías que cuando eliminamos el peligro de una enfermedad por vacunación estamos dejando lugar a la proliferación de nuevas enfermedades? Cuando un padre decide no vacunar a su hijo no significa que le esté exponiendo a la muerte. Puede que prefiera arriesgar a su hijo a una enfermedad conocida que a la incerteza de una enfermedad para la que aún no se ha encontrado remedio)
    • D.S. Es una reflexio que faig, simplement. Hi hauria molt que discutir amb el tema de les vacunes. No totes son bones, compte!


      (Traducción: Es una reflexión que hago, simplemente. Habría mucho que discutir con el tema de las vacunas. No todas son buenas, ojo!)

    • Elara Entonces... ¿más vale malo conocido? No estoy de acuerdo en absoluto. Lo malo conocido incluye:
      difteria, con un 10% de mortalidad (http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001608.htm),
      tétanos, con un 25% de mortalidad (http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000615.htm),
      tos ferina, que si hay suerte y no provoca la muerte, puede dejar secuelas respiratorias de por vida (http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001561.htm),
      polio, parálisis de por vida o muerte por parada respiratoria... (http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001402.htm),
      meningitis meningocócica tipo C, hasta un 15% de mortalidad (http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000608.htm),
      hepatitis B, poca mortalidad pero daño hepático crónico, cirrosis y aumento del riesgo de padecer cáncer de hígado (http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000279.htm),

      Y eso sin contar con la viruela, totalmente erradicadas gracias a la vacunación masiva y que presentaba mortalidades de hasta el 30%.

      Lo que pasa es que en el primer mundo les hemos perdido el miedo, porque apenas aparecen casos, y eso ha sido así precisamente por la vacunación. Negarse a ella es volver al siglo pasado, dar la espalda a la medicina.

      Y las vacunas no son buenas, ni malas. Que yo sepa no tienen raciocinio ni se les puede atribuir calificación moral. Lo que hay son malos o buenos usos de las vacunas, usos que hacemos los humanos. Se puede discutir mucho sobre la necesidad de la vacunación en ciertos grupos de población o sobre ciertas vacunas (como la de la gripe o el papiloma en adultos, por ejemplo), pero la vacunación infantil de enfermedades potencialmente mortales no admite discusión. Los beneficios siempre superan a los riesgos (imaginarios o no), y un padre que decide no vacunar a su hijo, está poniéndolo en riesgo de muerte o de secuelas de por vida y aumentando considerablemente el gasto sanitario por aumentar enfermedades que ya apenas se presentaban.

      Si conduces borracho o sin cinturón te ponen una multa, porque estás poniendo en riesgo tu vida y la de los demás, y suponiendo un gasto para la población (en sanidad pública, concretamente). Pues es lo mismo.
    • D.S. Tienes razón,  Elara . En lo que no estoy de acuerdo es en que juzguemos a los que no piensan como nosotros porque entonces sí que volvemos al siglo pasado. Cuando alguien decide abortar somos tolerantes, con los homosexuales (principal via de expansión del Sida) somos tolerantes, con los drogadictos, prostitutas (lo mismo que los homosexuales y el sida) somos tolerantes. Si tu vacunas a tus hijos, no te afecta el que otro no lo haga porque estás inmunizado. Entonces, ¿que más te da? Para mi es peor el maltrato (físico y psicológico a un niño) y tiene peores consecuencias, que la no vacunación.

    • Elara En realidad no es así, la inmunidad no es particular, es poblacional. Es cierto que si yo vacuno a mi hijo tendrá menos probabilidades que uno sin vacunar, pero si los que le rodean no están vacunados, la suya no va a hacer suficiente, ninguna vacuna protege al 100%. Además, los bebés recién nacidos, que aún no tienen la edad para la vacunación, están totalmente desprotegidos. Es decir, es posible que mi hijo no llegue a vivir lo suficiente como para ponerle la vacuna, porque puede morir de la enfermedad porque otro niño no la lleva. Se considera que la cobertura mínima para que una población esté protegida es del 85% de vacunados.

      Dejando eso de lado, también me da porque la sanidad pública está como está, con falta de recursos y si una gran cantidad de gente no vacuna, se producen epidemias, y los hospitales se saturan de trabajo: mayor gasto público, menos recursos.






domingo, 11 de marzo de 2012

Mitos y prevención de la leishmaniasis canina

No voy a hablar de qué es la leishmaniasis canina, sus síntomas ni su tratamiento. Para una idea general, ya hay muchas páginas en internet que lo hacen (como ésta), y para el tratamiento lo que hay que hacer es llevar al perro al veterinario, llegado el caso.
De lo que quiero hablar es de una serie de ideas preconcebidas que tenemos sobre la enfermedad y su transmisión, y de cómo podemos minimizar la probabilidad de que la contraiga o cuál debería ser el programa anual de vigilancia de la enfermedad.

Phlebotomus pappatasi. Imagen extraída de la Wikipedia
El mosquito.
La leishmaniasis se conoce con el nombre de "enfermedad del mosquito" porque la transmite un díptero picador, y este nombre nos hace pensar que la transmiten los mosquitos que reconocemos como tales. Esos mosquitos-mosquitos son los que conocemos: tamaño mediano-grande, picadura dolorosa, zumbido al volar y necesitan poner sus huevos en agua estancada para que se desarrollen. Pero estos mosquitos (culícidos) no son los que transmiten la leishmaniasis. La enfermedad sólo puede ser transmitida por dípteros flebotomos, de una familia diferente que los culícidos.
¿Y esto es importante? Pues sí. Porque la biología y ciclo de las dos familias es muy diferente. Los flebotomos no necesitan agua estancada, ponen sus huevos en el suelo, en muros, grietas de las paredes, madrigueras, escombros... tampoco son fáciles de detectar: no zumban al volar, su picadura no es dolorosa (ni pica) y son de tamaño muy pequeño (2-3 mm). Son mosquitos-ninja. 
Se encuentran fácilmente en zonas rurales o en parques o jardineras de las ciudades. Salen a alimentarse por la noche, aunque temperaturas inferiores a 10-15ºC ralentizan su metabolismo (con lo que no saldrán a picar), y tampoco pueden hacerlo si llueve o hay viento. Al ser tan pequeños, no pueden picar a través de la ropa o del pelo.
Cuando una flebotomo pica a un perro infestado, necesita de 7 a 10 días para poder transmitir la enfermedad, es decir, no es algo rápido ni directo. Durante ese tiempo, puede haber recorrido unos 2 km. Las hembras del flebotomo viven unos 30-40 días y durante ese tiempo picarán 2-3 veces.

La prevalencia.
La prevalencia es el porcentaje de casos de una enfermedad en una población concreta. La prevalencia de la leishmaniasis en España varía de un lugar a otro, pero ronda el 8-20%, con los valores más altos en la cuenca Mediterránea y de los grandes ríos (Ebro, Duero, Tajo y Guadalquivir). Sin embargo, esta prevalencia es de leishmaniasis clínica, es decir, el porcentaje de animales con síntomas clínicos. Las técnicas de diagnóstico moleculares han permitido ver que la prevalencia de animales infestados es de más del 60% o del 80% en zonas endémicas. En otras palabras, más de la mitad de los perros tienen el parásito y pueden transmitirlo o desarrollar la enfermedad más adelante, aunque sólo un 8-20% tienen síntomas clínicos en un momento dado y pueden considerarse positivos.
Por lo tanto, si vivimos en una zona endémica, deberíamos considerar que es más probable que nuestro perro tenga el parásito, aunque no esté enfermo, por lo que puede transmitirla o desarrollarla más adelante.

La prevención.
"Si le pongo collares/pipetas, ¿cómo es posible que haya enfermado?"
En primer lugar, no todas las pipetas/collares son eficaces frente a los flebotomos, y no siempre se aplican bien o en los intervalos correctos (hablaremos de eso después), pero suponiendo que estés usando una que sí lo sea y de forma correcta, vamos a hacer unos sencillos cálculos:
En una noche clara de verano, un perro sin ninguna protección puede recibir unas 120 picaduras.
Las  pipetas/collares tienen una eficacia media del 95%, esto es, les librarán del 95% de las picaduras.
Así que, en una noche clara de verano, un perro con pipeta/collar puede recibir 120 x 0,05 = 6 picaduras.
En una semana: 6 x 7 = 42 picaduras.
En un mes: 42 x 4 = 168 picaduras.
En todo el periodo de riesgo (junio-septiembre, según la zona): 168 x 4 = 672 picaduras.
Si consideramos que en un momento dado, el 15% de los mosquitos están infestados con el parásito (y estoy tirando por lo bajo), nuestro perro "protegido" ha recibido unas 672 x 0,15 = 101 picaduras con el parásito.
Para los que en este punto os preguntéis, y entonces, ¿para qué sirve ponerles la pipeta/collar? bueno, es que si no lo llevara, habría recibido: 120 picaduras x 7 días x 4 semanas x 4 meses x 0,15 = 2016 picaduras con el parásito.
¿Cuántas papeletas es mejor comprar para que te toque la lotería?

El desarrollo de la enfermedad.
Llegados a este punto, podríamos echarnos las manos a la cabeza y pensar que todos los perros en zonas endémicas deberían estar enfermos, pero eso ya sabemos que no es así (sólo un 8-20%). ¿Por qué estas diferencias?.

Leishmania infantum en el interior de un macrófago.
Imagen extraída de GEFOR
El sistema inmunitario de nuestros perros (y el de todos los animales, vamos) es extremadamente complejo y, normalmente, muy eficaz. Resumiendo, hay dos tipos de respuesta inmune, la humoral y la celular. La humoral produce anticuerpos que van a eliminar bacterias y parásitos que se encuentran fuera de las células, mientras que la celular elimina parásitos, virus y bacterias que se encuentran dentro de las células. La leishmania se encuentra dentro de las células (de macrófagos, más exactamente), por lo que necesitaremos una buena respuesta celular. Los perros que enferman son aquellos que ponen en marcha la respuesta inmune de tipo humoral, que no es eficaz para eliminar ni controlar el parásito.

Programa anual de vigilancia sanitaria.
Entonces, ¿qué podemos hacer para que nuestro perro continúe sano durante muchos años?. Las estrategias van encaminadas a evitar la picadura, reforzar el sistema inmunitario celular y detectar la enfermedad a tiempo. Ninguna de estas estrategias es excluyente, porque ninguna nos va a proteger al 100%. Vamos por partes:

Evitar la picadura:

  • Que los perros no estén en el exterior desde el anochecer al amanecer, momentos en que el mosquito sale a picar. No vale encerrarlo durante la noche en el garaje o en un almacén, ya que estos son lugares húmedos y oscuros donde es posible que el flebotomo anide, así que también hay que usar otros medios:
    • Usar mosquiteras en ventanas o puertas: pero ¡ojo! hemos dicho que es muy  pequeño, para que sean eficaces debe ser una mosquitera con un diámetro de 0,5-1 mm, las tradicionales les permiten pasar.
    • Usar insecticidas, principalmente del grupo de los piretroides (permetrina, deltametrina, cipermetrina, tetrametrina, praletrina...). Aunque suenen raro, son los insecticidas de uso doméstico (en spray o los que se enchufan a la electricidad) porque han demostrado su eficacia con una toxicidad muy baja para los vertebrados. Los productos a base de aceites esenciales no son eficaces, y eso también se puede aplicar a los collares/pipetas.
  • Si los perros tienen que estar en el exterior, resulta útil disminuir la cantidad de flebotomos usando semanalmente (recordemos que necesitan 7-10 días para desarrollar el parásito antes de poder transmitirlo) insecticidas con un pulverizador, en las zonas donde hay riesgo de que anide el flebotomo (caseta, muros, recovecos húmedos...). Hay muchos productos comerciales líquidos para diluir en el agua que pueden ir bien.
  • Usar pipetas o collares repelentes: lo bueno que tienen es que no sólo impiden la picadura, sino que también matan al flebotomo. Lo malo es que hay pocas pipetas o collares que hayan demostrado su eficacia,  y desde luego, las que están basadas en aceites esenciales no van a servir para nada (excepto, quizá, para perfumar a nuestra mascota)
    • Collares: en España, sólo hay dos collares registrados como repelentes de flebotomos, Scalibor, de Intervet, y el Taberdog con permetrina, de DFV. El primero lleva deltametrina y el segundo permetrina. Es importante tener en cuenta que tarda 7 días en empezar a hacer efecto desde que se lo ponemos, y que si el perro se moja o lo bañamos pierde el efecto y hay que esperar otra semana a que vuelva a funcionar. Otra cuestión es que la eficacia como repelente se ha cuantificado entre un 86 y un 96% (recordad que los cálculos que hemos hecho antes eran con un 95% de eficacia) y que es recomendable cambiarlos cada 3-4 meses, ya que la eficacia va disminuyendo con el tiempo.
    • Pipetas: también hay sólo dos productos en España, Advantix Spot-on, de Bayer, y Exspot, de Intervet, ambos con permetrina. La eficacia repelente de ambos tiene una duración menor que en collares, y a las cuatro semanas después de poner la pipeta la eficacia baja hasta el 55,9% 74%, por lo que también conviene no esperar a las cuatro semanas para poner una nueva pipeta, mejor hacerlo a los 15 días. Es importante a la hora de ponerlas separar bien el pelo para dejar el producto sobre la piel, y en perros de más de 10 kg repartir el producto en 3-4 puntos a lo largo del lomo.
Reforzar el sistema inmunitario:

Como ya hemos visto, es prácticamente imposible evitar al 100% la picadura del flebotomo, por suerte, hay productos que refuerzan el sistema inmunitario de nuestro perro para ayudarle a hacer frente al parásito y evitar que desarrolle la enfermedad. NO evitan que entre el parásito, pero sí ayudan a que el perro sea capaz de eliminarlo o controlarlo. Este año han salido dos nuevos productos que funcionan en este sentido:
  • Canileish, de Virbac: la esperada vacuna contra la leishmaniasis, protege entre un 93 y un 97% (depende de la carga infectiva de la población donde vive el perro). Es importante tener en cuenta varias cosas: no se puede aplicar en perros que ya son seropositivos, por lo que hay que hacer un análisis de sangre primero para saber si puede o no vacunarse, y es importante (más que en las vacunas habituales) respetar los períodos de vacunación: durante el primer año habrá que ponerles 3 dosis separadas 3 semanas cada una, y como mucho podemos retrasarnos unos 5 días. A partir del segundo año, se deberá realizar una revacunación anual, pero si nos olvidamos y dejamos pasar más de un mes desde la fecha en que le tocaba, habrá que volver desde el principio y ponerle de nuevo las tres dosis.
  • Leisguard, de Esteve: es un inmunomodulador que ya lleva tiempo usándose en el tratamiento de la leishmaniasis clínica (en su formulación para humana), pero que puede tener interés en la prevención de la aparición de la enfermedad. Lo que hace la domperidona, su principio activo, es favorecer la respuesta inmunitaria celular, que es la necesaria para destruir y controlar al parásito, por lo que si nuestro perro se infecta (o si ya lo está, recordemos que más de la mitad de los perros en zonas endémicas tienen el parásito), ayuda a que no llegue a desarrollar la enfermedad.
Detectar la enfermedad a tiempo:

Esta es fácil. Deberíamos tomar como costumbre hacer cada año un análisis de leishmaniasis a nuestro perro, preferentemente en los meses de diciembre a febrero, para detectar a tiempo la enfermedad y poder tratarla si es necesario. El pronóstico cambia mucho.

Y ya sólo un apunte final. Hacer todo esto es caro. Los collares y pipetas, la vacuna, los análisis... todo vale dinero, está claro. Pero el precio de la enfermedad es mucho mayor. Los medicamentos para el tratamiento son más caros aún, y es de por vida, las pipetas y collares se deberían seguir usando (y con más razón) y serán necesarios muchos más análisis al año. Y eso sin contar el coste anímico que supone ver a tu perro enfrentarse con esta enfermedad, que también es alto, sabiendo que nunca podrá curarse.

Este post va dedicado a Orhy, que está peleando como un jabato contra el bichejo de las narices.